Por Mariano Pacheco

A través de las entrevistas que Jorge Pistocchi, Tamara Kamenszain, Oscar del Barco y Marcelo Casarin le realizaron alguna vez a Jorge Bonino, compiladas y publicadas recientemente por la editorial cordobesa Caballo Negro, en su colección “La buena memoria”, bajo el título “Aclara ciertas dudas”, el lector puede acceder a un relato estremecedor sobre la vida y obra de este teatrista nacido en Villa María. Bonino estudió y se recibió de arquitecto por la Universidad Nacional de Córdoba y pasó –casi sin escala– de trabajar en la dirección de “Parques y Paseos” de la Municipalidad de Córdoba a estrenar sus espectáculos, primero en el Instituto Di Tella, en Buenos Aires, y luego en las ciudades primermundistas de Nueva York y París, lugar que habitaba cuando se produjo el Mayo Francés, primero (en 1968) y un año más tarde el “Mayo Argentino” (El Cordobazo). Inventando un lenguaje propio, con un mapa y una pizarra a cuestas, Bonino –casi como en un chiste privado– comenzó su camino teatral con la obra “Bonino aclara ciertas dudas”. Fallecido en Oliva, Córdoba, el 17 de abril de 1990, mientras se encontraba internado en un neuropsiquiátrico, su vida terminó para dejar en pie una leyenda. Como puede leerse en el relato breve y estremecedor que aparece en la contratapa del libro, había partido definitivamente hacia nuevos horizontes. “La enfermera correntina que me lo comunicó no sabía que sus labios eran solo los portadores de un último mensaje de Jorge. Con lentitud provinciana, la mujer me dijo: “El señor Bonino ha fallecido de UN INTENTO de suicidio...”, escribe Eugenio Zanneti. Y agrega luego: “Pude ver a Jorge sonriendo desde la portezuela de la nave, mientras me miraba y repetía: ´Entendés, ¡de un INTENTO de suicidio¡ ¡No te olvides!´ Yo, claro, nunca lo olvidé”.