La experiencia de Javier Castrillo en software libre para la educación viene de mucho antes de Conectar Igualdad. A fines de los 90, cuando todavía se hablaba de un software sin ideología, como commodity, con un grupo de compañeros empezaron a trabajar en otra dirección.

“Por entonces era docente, siempre en formación profesional, en el conurbano bonaerense. Trabajábamos con chicos, chicas y adultos de sectores populares en aquel contexto de fábricas cerradas, de industrias caídas, de desocupación masiva, donde la escuela era un comedor y no una escuela, en otro país que esperemos no vuelva”, explica.

Castrillo es ingeniero electromecánico, por lo que en aquellos años dictaba cursos de electromecánica e ingeniería. “Cuando cerraron las fábricas reconvertimos la escuela a los famosos ‘servicios’, ahí empezaron a venir máquinas como donaciones. No sabíamos todavía lo que era el software libre”, recuerda.

Javier no era informático, aunque había aprendido a programar a los doce años. Un amigo le presentó Linux. Él tomó nota, y el Centro de Formación Profesional de Vicente López donde trabajaba se convirtió en la primera escuela que empezó a usar software libre en las aulas. Recientemente esto le valió a la escuela ganar un premio a la trayectoria en Tecnópolis.

“El desafío era como bajar lo técnico al barrio. ¿Qué tenía que ver cambiar un software por otro, en aquel contexto? Así arrancamos”, cuenta el coordinador de Huayra, el primer sistema operativo libre utilizado con fines educativos en las escuelas de todo el país, a través del Programa Conectar Igualdad.

¿Cómo llegaste al equipo de Huayra?

Ya venía trabajando con hardware reciclado, junto a una compañera de una fundación. Le poníamos software libre y lo llevábamos a las escuelas. Hacíamos capacitación. Ella empezó a trabajar desde los inicios del programa Conectar Igualdad. El director ejecutivo, Pablo Fondevilla, me dio la honrosa tarea de formar el primer equipo y de desarrollar el Huayra, que ya va por la tercera versión.

¿Por qué crean este sistema operativo libre?

Las computadoras de Conectar Igualdad venían con dos sistemas operativos: Windows y Linux. Pero aquel Linux no era utilizable. También había una discusión de política interna y las corporaciones no se quedaron quietas, actuaron muy rápido. Ahí es donde empezamos a trabajar más fuertemente en lo político. De hecho, al Huayra I no le aporté ni una sola línea de código, mi tarea era política y de coordinación.

¿Qué nivel de inversión demanda la creación de en un sistema operativo?

Si tuvieras que pagar por cada pieza, un software privativo entero cuesta mucho dinero. La ventaja del software es la de poder utilizar el código de otros. Nuestro equipo consta de millones de personas, que son ‘testers’. Eso no se puede mensurar. En el equipo técnico somos diez: programadores, diseñadores, sociólogos, historiadores, docentes. En ese sentido, es el sistema operativo más barato de la humanidad. Tenés piezas de software para hacer tus propias animaciones en 3D, por ejemplo. En software privativo eso cuesta 10 mil dólares. Un Huayra primaria tiene 1500 aplicaciones. Todo eso con un costo cero para cualquier ciudadano.

¿Qué tiene que ver la soberanía con todo esto?

Tiene mucho que ver. Nosotros hablamos de soberanía tecnológica y soberanía pedagógica. Antes de Huayra, las corporaciones como Microsoft, ponían sus sistemas operativos, que a veces vienen hasta con paquetes de formación gratuita. El nuevo, por ejemplo, se llama ‘Shape the future’, que significa modelar el futuro. Lo dicen hasta en inglés. Te dan todas esas herramientas gratis, pero con el objetivo de que los pibes aprendan eso. Cuando un producto así es gratis, el producto sos vos. Así, una corporación monopólica extranjera se encargaba prácticamente de guiar la currícula educativa. En nuestro caso, el equipo de formación del Plan Nacional de Inclusión Digital Educativa (PNIDE) es el que elabora líneas de trabajo, en función de nuestros propios objetivos pedagógicos. Si hay que hacer un retoque, lo programamos. No dependemos de que a Microsoft se le ocurra poner el Windows Movie Maker, ni de que por una actualización tengas que cambiar la máquina. Para nosotros la máquina es ésta y sobre esas posibilidades trabajamos. Eso es soberanía. Los chicos también aprenden a programar y escribir código. No es la intención que sean todos programadores, pero sí que incorporen la estructura de pensamiento. Mientras las corporaciones te dicen ‘vos usá el programa, de la programación me encargo yo’, nosotros decidimos programar para nuestros satélites, para nuestros DNI, para nuestros ferrocarriles, para nuestra televisión digital.

¿Cuál es el mayor logro de Huayra?

Hoy logramos tener un sistema operativo libre, que se usa para elaborar todas las políticas educativas. Cuando vos prendés la máquina, prende en Huayra, no en Windows. Todas esas cosas que pueden parecer superficiales son enormes en términos de pelea desigual. Desarrollamos Huayra con mucho cariño y respeto. Salió un muy buen producto. Tiene una línea artística que juega con el viento, tiene una coherencia. No es un Ubuntu con wordpress. Sí han venido compañeros de Mozzilla, de Wikimedia, a hacer observaciones o sugerir mejoras y estamos abiertos a eso.

Una de las cosas que necesitamos muchísimo ahora es mejorar la accesibilidad. Conectar Igualdad se distribuye en escuela de modalidad especial. Necesitamos lectores de pantalla. ‘Orca’ –una aplicación integrada al escritorio que permite el acceso a personas con discapacidad visual- no es bueno. No sabemos de síntesis de voz. Hasta que no tengamos un buen lector de pantalla, no podemos ir por el simple booteo, que es un objetivo a corto plazo. El objetivo a mediano plazo es que Huayra sea el sistema operativo de toda la administración pública. De hecho, ya está pensado modularmente para eso.

¿Trabajan con equipos de otros países de la región?

Tenemos contacto con Canaima Educativa, en Venezuela. Estamos trabajando con El Salvador, que lanzó hace poco una distribución. Estos gobiernos hermanos han encarado políticas en ese sentido. Con el golpe fallido al comandante Hugo Chávez, le paran la producción de PDVSA por software, porque tenían todo Microsoft. Desde el software libre se lo levantaron. Si buscás en Google vas a encontrar las charlas de Chávez hablando sobre software libre como arma contra el imperio. Ahí tenés la soberanía en términos concretos. Antes era un cañón, hoy es el software.

¿Cuál es la política de Macri en materia de Inclusión Digital?

En Ciudad de Buenos Aires tienen el Plan Sarmiento y programas que entregan a las corporaciones. No hay programa educativo. Es cartón pintado. La promesa de Internet en todas las casas es inaplicable. El Plan Sarmiento es como una gran red, hecha con WiMAX. El operador de todo eso, el que ganó la licitación es un grupo integrado por Clarín y Microsoft. La máquina cuesta una fortuna por contar con conectividad a través de WiMAX. Es todo cerrado. Salis de esa red y no la podés usar.